La carretera estaba completamente detenida. Pero los motociclistas no pensaban apartarse.

La carretera estaba completamente detenida.

Pero los motociclistas no pensaban apartarse. 馃弽锔忊湪

El sol brillaba con fuerza sobre el asfalto.

El calor ondulaba en el aire.

Los veh铆culos permanec铆an inm贸viles durante kil贸metros.

Y en medio de la autopista se encontraba una formaci贸n de motocicletas.

Sus motores rug铆an suavemente.

Firmes.

Inamovibles.

En el centro de la formaci贸n esperaba un veh铆culo m茅dico blanco.

Protegido por todos los lados.

Un agente de polic铆a avanz贸 con evidente molestia.

鈥擳ienen que despejar la carretera ahora mismo.

Al frente de los motociclistas estaba un hombre llamado Ernesto Navarro.

Alto.

Robusto.

Con una larga barba gris.

Su respuesta fue inmediata.

鈥擭o.

El agente lo mir贸 con incredulidad.

鈥擡st谩n bloqueando una v铆a p煤blica.

Ernesto mir贸 brevemente hacia el veh铆culo blanco.

Luego volvi贸 a observar al polic铆a.

Su voz fue tranquila.

Pero cargada de significado.

鈥擡stamos acompa帽ando a una ni帽a hasta el oc茅ano.

El agente dud贸 apenas un instante.

鈥擡so no cambia las normas.

Entonces varios motociclistas bajaron de sus motos.

Uno tras otro.

Formando una l铆nea frente al veh铆culo.

No con agresividad.

Sino con determinaci贸n.

El agente dirigi贸 la mirada hacia las ventanas traseras.

El cristal era oscuro.

Pero por un segundo apareci贸 una peque帽a mano apoyada contra 茅l.

Delicada.

Peque帽a.

Con una pulsera hospitalaria.

El silencio se volvi贸 m谩s pesado.

Ernesto observ贸 al agente.

Y dijo en voz baja:

鈥擡s el lugar que siempre so帽贸 conocer.

馃挰 La continuaci贸n de esta historia te espera en los comentarios. 隆Cu茅ntanos qu茅 te hizo sentir!

El agente observ贸 la peque帽a mano apoyada contra el cristal.

Durante un instante, todo el ruido de la autopista desapareci贸.

Los motores.

El calor.

Las largas filas de veh铆culos.

Nada parec铆a importar.

Lentamente se acerc贸 al veh铆culo m茅dico.

A trav茅s del cristal oscuro distingui贸 a una ni帽a.

No tendr铆a m谩s de diez a帽os.

Una manta cubr铆a sus piernas.

Y una gorra de lana ocultaba parte de su cabello.

Pero sus ojos permanec铆an fijos en el horizonte.

Como si ya pudiera ver el oc茅ano.

Ernesto permaneci贸 en silencio.

Esperando.

Finalmente, el agente volvi贸 a mirarlo.

鈥斅緼 qu茅 distancia est谩 la costa?

鈥擴nos ochenta kil贸metros 鈥攔espondi贸 Ernesto.

Antes de que pudiera decir algo m谩s, un param茅dico sali贸 del veh铆culo.

Su rostro reflejaba cansancio.

Y tristeza.

鈥擫os m茅dicos dicen que le queda muy poco tiempo.

Las palabras cayeron sobre la carretera como un peso imposible de ignorar.

Varios conductores que hab铆an salido de sus coches bajaron la mirada.

Otros se secaron discretamente las l谩grimas.

Entonces la ni帽a baj贸 un poco la ventanilla.

Solo lo suficiente para hablar.

鈥擭unca he visto el mar.

Nadie se movi贸.

Nadie apart贸 la vista.

La peque帽a sonri贸.

Una sonrisa d茅bil.

Pero sincera.

鈥擲olo quiero escuchar las olas.

Ernesto cerr贸 los ojos un instante.

Varios motociclistas respiraron profundamente.

Intentando contener la emoci贸n.

El agente observ贸 a la ni帽a.

Luego a los motociclistas.

Y finalmente la interminable autopista.

Personas que no estaban all铆 por rebeld铆a.

Ni por desaf铆o.

Sino para cumplir el 煤ltimo sue帽o de una ni帽a.

Entonces tom贸 su radio.

鈥擟entral, necesito apoyo inmediato.

Hubo unos segundos de silencio.

Despu茅s continu贸:

鈥擠espejen todos los accesos y cruces hasta la costa.

Ernesto lo mir贸 sorprendido.

El agente esboz贸 una leve sonrisa.

鈥擧oy no est谩n bloqueando la carretera.

Los motociclistas intercambiaron miradas confundidas.

El agente se帽al贸 hacia el horizonte.

鈥擧oy ser谩n su escolta.

Los aplausos comenzaron a escucharse entre los conductores.

Algunos levantaron las manos.

Otros sonrieron emocionados.

Dentro del veh铆culo, la ni帽a volvi贸 a apoyar su mano contra el cristal.

Y por primera vez aquel d铆a, sus ojos brillaron de felicidad.

Porque sab铆a que iba a conocer el oc茅ano.

Y todos los que estaban all铆 comprendieron algo importante.

Hay viajes que valen m谩s que cualquier norma.

Porque a veces el mayor acto de humanidad es ayudar a alguien a cumplir un sue帽o antes de que el tiempo se acabe. 馃弽锔忊湪馃寠鉂わ笍

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